La filosofía nos enseña que las virtudes son poderes latentes que todos
poseemos. Estos poderes son los que necesitamos conocer y desarrollar para
hacer uso de ellos en los momentos en que la vida nos pone a prueba.
Son muchas las virtudes, sin embargo, Platón señala cuatro fundamentales:
templanza, fortaleza, prudencia y justicia.
1° La Templanza como moderación, implica el control
de nuestras emociones para que no nos esclavicen y condicionen nuestro
comportamiento."Nada en exceso" (Templo de Apolo en Delfos).
2° La Fortaleza es la capacidad para superar las
dificultades. En tiempos de cambios es la virtud con la que más hay que
trabajar. La fortaleza es lo más opuesto a la cobardía o actitud miedosa que
nos paraliza o nos lleva a una constante búsqueda de comodidad.
Algunos de los componentes de la fortaleza son:
- El valor: La energía necesaria para empezar algo y para resistir.
- La paciencia: Base de la resistencia. Nos impide caer en la falta de esperanza y en la tristeza.
- Fidelidad a nuestro ideal de vida o proyecto vital.
- La perseverancia o mantener el esfuerzo dentro de la fortaleza. Nos ayuda a ser duros con nosotros mismos y resistir; impide ser caprichosos y débiles ante cualquier contratiempo.
- Sentido del deber ético: Hacer lo que nuestra reflexión y experiencia nos dicen que es lo mejor para nosotros y para los demás.
- ¡Y sentido del humor! Para no tomarnos las cosas demasiado en serio. La fortaleza es un sano espíritu de victoria.
3° La Prudencia es la capacidad para medir el
alcance de nuestras acciones (que no es exceso de reflexión ni tiene que ver
con el miedo ni la prevención). Es pensar antes de actuar; y pensar lo más
rectamente posible.
4° La Justicia es la corona que ganamos por la
práctica de las anteriores.
Si acercamos las virtudes de Platón a nuestro mundo actual, veremos que
sí nos resultan de muchísima utilidad:
- La justicia, nos ayuda a elegir en cada momento lo mejor, sin dañar a nadie ni a nada innecesariamente. Por ello, hay que hacer de ella nuestra meta en la vida.
- La moderación, nos impide dejarnos llevar ni atar por las pasiones.
- La prudencia, nos sirve para concretar nuestro proyecto vital y saber rectificar cuando sea necesario.
- La fortaleza, para iniciarlo y mantenerlo, haciendo los cambios de rumbo que exijan las circunstancias, pero sin desviarnos del puerto al que queremos llegar.
Javier Saura, Nueva Acrópolis España. Adaptación. Parte II - Boletín Filosófico Cultural 197.
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